Esta noche he vuelto a visitar el antiguo corazón de la ciudad, mientras mis cabellos canos, y mis manos arrugadas lloran de nuevo con esta melodía melancólica.
La ciudad está tranquila y serena. Los bares cerrados, restos de licor en vasos olvidados. El viejo boulevard vacío de vida
Escucho el alba detrás de toda la podredumbre. Mis ojos fatigados alientan la sombra de aquella nube
Hoy he vuelto al redil de la melancolía, encerrado en mi viejo boulevard, espero otra noche, con mis llagas afectuosamente ardiendo.
Ahora vivo en el corazón de una ciudad, que es como un cementerio eternamente superpuesto de ilusiones.
Escondí la llave en la pecera cuando la tarde crecía en la oscuridad
Al amanecer no había llave ni pecera. Pero el agua inundaba la habitación donde habita el gato, lamentándose por una ausencia indefinida
Al atardecer el poeta ya había muerto. Y todas las campanas del mundo tañían alborozadas en la última iglesia. Mientras las multitudes celebraban el hueco dejado por el poeta rellenándolo con toda su apestosa porquería.
Autoría: Ortunyo Benjumea Mcnulty (walking in the shoes of The Ghost on the Shelf)
Hay que comer carne de vez en cuando. Al menos una vez al mes.
Hay que beber lima con limón cada día. Mantener los niveles de pH óptimos.
Se acerca una ola. Se acerca una nueva ola. Quizás la última.
Cuando paseo sobre la arena imagino que es hierba. Los señores enanos rinden pleitesía al oro de las flores.
Se acerca el alud marino Una nueva vieja ola. Por favor, vístete el bañador.
Las lechugas crecen felices en el fondo del mar. Yo creería que agua no les ha de faltar. Mientras, los caballitos de mar rinden su amor tras años de odio intelectual.
Ya está aquí está magnífica humedad. Quizás la última. ¡¡¡ Cielos, yo no traje bañador!!!
Estoy bajo presión. Un cierto número de litros de agua me detienen en estado cataléptico. El pH me bajo, me siento ácido sobre este piso de algas-lechuga.
¡¡¡Tengo brotes de coral en las axilas!!!
No puedo imaginar un sol brillante detrás de esta pradera de inconvenientes.
Con lo que me apetecería un poco de pan seco, y quizás una cebolla.
Mañana es el día de la carne, pero esta lloviendo, y temo que el dique se rompa. Un hombre de campo no debería sentirse así.
No puedo entender como un hombre de campo termine sus días dando lecciones de cortesía a las vaquitas marinas.
Cuando el dique se rompa regálale un par de lágrimas al desierto para advertirle.
Quizás sea la última ola. La vieja nueva ola O quizás sea un pis de dioses con disuria.
Voy a comprar sacos terreros, levantaré un nuevo dique para poder comer carne una vez al mes tranquilo y...seco!!!
Cuando llega el final de la tarde, todo el mundo está con las personas que aman. Es cuando salgo a bucear.
Hoy tengo ganas de bailar ¿y tú?
Autoría: Ortunyo Benjumea Mcnulty (walking in the shoes of Larry Talbot Horizonte)
Canción para ti, para cuando nos vayamos de aquí. Ojalá que sea pronto y te haga bien.
Todo esto habrá de acabar algún día, es mejor agarrar lo que puedas ahora. El resto deséchalo en alguna cuneta cerca del cementerio, los muertos pueden hacerse cargo.
Nadie se acordará de nosotros aquí cuando la tarde sea gris, y el horizonte grite al ponerse el sol.
Cierras la puerta tras de ti y si la calle se te viene encima, siempre será mejor abrir los ojos, dejar que los vagabundos a tu derecha te acompañen a donde nadie sabe ir.
Todo esto terminará algún día y no quedará nada aquí para ti,
ni si quiera aquella lágrima furtiva que solías derramar.
Solo el polvo seco de ayer y la futura promesa de un adiós flotando en el aire gris de la tarde que fluye de ti.
Nadie sabrá más de nosotros cuando la tarde se vuelva gris
Sigo destruyendo mi mano derecha, lastimada de amor
Deseosa de la izquierda, los tobillos se desnudan y tiemblan en pertinaz silencio…
La nariz se inquieta ante el vuelo de mi mano derecha,
quizás estoy obligado a reñir con el dios vertedero.
Pero detrás y sigilosamente hay una puerta cubierta de musgos,
y docenas de envases cristalinos vacíos y abandonados,
la guarida predilecta a la que me asomo en esta noche de linternas sin pilas…
La cena está olvidada en la esquina derecha de la mesa, al alcance de mi mano diestra.
Mi mano derecha solo exprime ilusión,
exprime el ultimo año entero…un día de estos lavare el calendario mi amor,
devolveré lustre por tiempo, 41 días para olvidar dentro de mi carcasa acariciada por mi mano derecha.
Un desgaste conocido que vuelve a presentarse…y las velas que suspiran y te reconocen…
pero no se encienden en esta noche, pues mi mano derecha olvida el fuego…
y se deslengua conversando con mi mano izquierda, y con mis tobillos y mis órganos volátiles…
y comentan la tristeza deseosa de ser alegre para reconocerte y aliviarte,
y convertirse en arrullo de cumpleaños…
¡¡No quisiera más de esto por favor!!
Tan solo abran las ventanas, déjenme fluir de esta esfera alineada con la estupidez que me adorna…déjenme llegar hasta su aurora para agasajarla y prenderme de su talle…
La locura me tiene atado y no puedo perderme más en el tiempo del calendario de 41 días…
Quizás las historias se envuelven en hipótesis destrozadas por cientos de manos derechas,
Quizás los relatos de sueños se alejan de la realidad cuando los cumpleaños se alquilan entre jirones de ciudades devastadas por la estulticia…
Sin más se harán añicos los días que nos faltan…olvidaremos y celebraremos el amor.
El Mcnulty escribe una carta a Margarita del Remedio de los Abandonados.
No entiendo el porqué, Margarita,
al llegar a casa tus maleta, tus cosméticos y tus zapatos se volvieron invisibles.
Ando por toda la casa y no encuentro vestigios, tan solo transparencias.
Y ahora siento que mi interior es de vidrio. Y me miró hacia dentro y solo encuentro un vacío invisible.
Margarita del Remedio de los Adictos dame tu remedio sin más dilación. Aunque pensándolo bien yo no soy adicto al tabaco, ni al vino, ni tan siquiera al los narcóticos.
Tan solo soy un muro en el que rebotan palabras de despedidas.
Un muro que no tiene una triste ventana que remedie una oscuridad translúcida...tan translúcida como tu falda lila, esa que olvidaste sobre la cómoda de nuestro dormitorio, y que lucha por ser tangible a mis ojos, a mis manos y a mi yo todo.
La merienda está servida, y creo que hoy tengo hambre...o quizás no.
Un escalón, que bajo de nuevo, para conversar con aquel insecto que conocí hace unas semanas cuando andaba escaso de intelecto, y el hambre era tan atroz.
En la tienda de vestidos de novia,
la que queda cerca de la catedral hay una larga cola de chicas audaces.
Cada día paso cerca de ahí,
y a cada una de ellas les regaló un jazmín.
Ellas me miran con desprecio ante tal majadería.
¿Qué haré con tantos jazmines que guardo en el congelador?
Un día en el escalón de más abajo me encontré con la gata Cecilia. Acababa de comer la merienda que no quise.
Me mira tan harta de mi como yo de esta rutina.
Un escalón más arriba,
encontré el libro de los muertos abierto por la página número nueve.
Hable casi tres horas con la Figurilla Mágica,
sobre sus arduas tareas tan siniestramente parecidas a las mías.
Y yo que tengo mi propio Duat
en donde cada día de mi vida hago yincanas
¿Qué voy a hacer para dejar mi rastro limpio en esta escalera maldita?...
pero realmente ahora que más da.
Antes de ponerme a llorar he hervido agua.
Ahora limpiare todos los escalones que me quedan,
excepto el número nueve.
Ese se lo dejare a Anubis, cuando ya la limpieza no sea importante.
Dedicado a la memoria de mi papa y a su imaginario amigo Simpón.
Mi papa, que cada día después de una agotadora y rutinaria jornada de trabajo llegaba a casa y nos contaba historias leídas en pequeñas novelas pulp de space opera. Y él en su infinita bondad nos las explicaba como si fueran noticias verdaderas para azuzar nuestra imaginación y poder evadirnos del triste y oscuro mundo en el que nuestra infancia aconteció.
Durante los años de mi infancia vi a mi padre como un agente encubierto que junto a su inseparable amigo Simpón luchaban en imposibles aventuras contra la injusticia y la maldad....eso si ambos tenían el famoso "carné internacional" que les ofrecía total impunidad y libertad de acción. Durante mis años primeros años ese "carné internacional "era mi primera petición en la carta a los Reyes Magos.
La tarde ya se escucha llegar…imaginad el silencio que se duerme.
Me ha llegado un informe secreto que cuenta una noticia esencial.
El estrafalario profesor Un Dedo Amarillo (Doctor One Yellow Finger), ha descubierto un sistema de ondas neuronales capaces de replicar sentimientos, recuerdos y sensaciones del pasado. Según este mismo informe una potencia alienígena anda al acecho de este descubrimiento para usos nada recomendables para nuestra “preciosa y perfecta” raza humana.
Estos alienígenas tienen una sociedad casi perfecta, y digo casi perfecta porque últimamente algo está ocasionando graves problemas en su funcionamiento, están perdiendo la memoria, llamándole a esta peculiaridad “el efecto Bérnal” en honor al primer humano que llego a su planeta, el comandante Ernest Bérnal, quien al poner los pies en su mundo exclamo “¡DONDE DEMONIOS ESTOY, NO ME ACUERDO DE NADA!”
Según el informe secreto los mohínos, así se llaman los habitantes del planeta Mohín, quieren aplicar el sistema de Un Dedo Amarillo a los terrestres, pero cambiando algunas coordenadas neurotransmisoras y aplicar un recuerdo fraudulento según el cual nosotros seriamos sus dóciles esclavos.
La F.A.L.A.C.I.A (FARMACIAS ASOCIADAS de LOS ANGELES, COMPROMETIDAS Y ADICTIVAS), nos ha encargado a mi amigo Simpón y a mí, únicos agentes con “carnet internacional” la misión de proteger a Un Dedo Amarillo y a su sistema, e investigar el efecto Bérnal para su posterior solución clínica…o militar.
RECORDANDO A PAPÁ
Y así al llegar los anocheceres esperábamos ansiosos y decididos el último informe secreto…Simpón siempre estaba por llegar junto con la navidad y el pollo asado del domingo, la horchata after playa y el rosario de tristezas escondidas entre las maletas que pugnaban por despedirse de los informes secretos y los excelentes amigos de las aventuras soñadas y jamás iniciadas. Los verdes sillones se hacen de agua, recuerdos de diarios doblados entre sus cojines nos hablan de esperas en la hora de cenar. El duelo se dejaba en la cocina, el aire se estremecía con los latidos de los pequeños corazones en la espera del alivio del aburrimiento, ya la casita del juego perdido volvía a resplandecer entre fugaces minutos de espera….llamaban a la puerta de nuestra imaginación y al abrir ahí estaba Simpón, para llevarnos de la mano a ese mundo de ases galácticos, monstruos imposibles y doctores estrafalarios.
Los seres de nuestro recuerdo a veces se difuminan entre mareas de recientes acontecimientos, dejamos que el néctar de la ternura y la inocencia se vista de rencores y sin sabores…sería necesario y hasta urgente que el doctor Un Dedo Amarillo nos suministrara su descubrimiento…la sangre es débil pero el recuerdo siempre inventa excusas para volver.
PD.
Que lastima que ya te fuiste papa, el otro día vino un tipo preguntando por ti. Al fin llego Simpón
Autoría: Ortunyo Benjumea Mcnulty, al anochecer cuando las estrellas leen relatos de Asimov, Clarke, Bradbury y tantos otros.
Pero al llegar al escalón número nueve, salte por encima.
Visite el antiguo desván en donde Matilda espera para bailar su vals.
Y es tan extraño volver a pensar en bailar este vals con Matilda.
Mi vieja Matilda recubierta de polvo, silenciosa y expectante pero siempre presta a bailar.
Matilda me devuelve la carta que Pepe y "El Nativo" me enviaron desde Madagascar. En donde me hablaban de nuestras viejas aventuras, de tiempos perdidos, cada uno con su Matilda, cada Matilda presta a bailar el vals de los despojados.
Pero es tan extraño para mí ahora pensar en volver a valsear...
Pero Matilda está hambrienta,
y mi corazón sigue sangrando.
Y quizás Pepe y "El Nativo" me esperen a la vuelta de cualquier esquina, soñando con las islas Aleutianas.
Y quién sabe si Matilda pueda soñar de nuevo con lindos parajes extraños y cautivadores.
Dejare la vida en cualquier esquina, mientras mis pies piensen en valsear...con Matilda.
Autoría: Ortunyo Benjumea Mcnulty (walking in the shoes of Perfil Escote)
Todavía persiste el dolor de muelas. Todavía esta a tiempo el café de no quemarse, ojala el mantel no se ensucie. Todavía la noche es corta. Todavía el pastel perdura en la memoria. Todavía. Todavía puedo sentir intensamente cada momento. Todavía el alma no se pudre entre las alcobas desiertas. Ojala, cansadas las piernas, quizás mañana las uñas me ayuden a respirar. Todavía el pájaro de la noche canta con la luz de luciérnagas, a un amor eterno que ya nace maduro. Agua infinita brotando de las oscuras cavernas . para limpiar un amor perfecto que jamás decrece.
Ojalá el ave del amanecer cante infinitamente. Cansados los brazos, quizás esta noche mis huesos puedan respirar. Otra vez el sueño susurrando posibilidades. Alma que ha de desechar lo absurdo. Todavía nace la forma y el contenido de las voces, que escucho en cada sopor insoportable. Ojala se destiñan las prendas. Y los anillos bailen. Joyas robadas al corazón.
Autoría: Ortunyo Benjumea Mcnulty (walking in the shoes of Mon Gessami)