Un día me deslice entre taludes de sabanas amarillas.
Un martes inolvidable de escamas precisas.
De estrellas calmadas.
De luces en penumbra.
De peces adormilados.
Y al siguiente día descubrí un mundo nuevo.
Con sus islas por descubrir.
Con sus aguas por navegar.
Con sus letras por descifrar.
Y desde el aire conocí
la envergadura de mis alas.
Mis emociones fueron asaltadoras de sueños.
Mis sueños fueron las anclas del aturdido anhelo.
Mi archipiélago aéreo
de suaves calimas,
donde estudiar el movimiento de mis parpados
cuando refulge la luna más sobrecogedora.
Autoría: Ortunyo Benjumea Mcnulty
(texto registrado)
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