Alguien me regaló un periódico de antes de ayer.
Al día siguiente estuve llorando hasta tres y cuarenta y siete minutos de la madrugada.
Andrés el Pterodáctilo,
llamo a mi puerta pasadas las cuatro.
Me habló de su amor prohibido...
Mi mismo amor.
Me habló de su tristeza...
que también hice mía...
Un mes después, no volví a ver al pterodáctilo Andrés.
Una semana más tarde,
alguien me regaló el periódico de anteayer...
La noticia de la muerte del Pterodáctilo Andrés...
La noticia que acabo de romper un corazón jurásico.
Autoría: Ortunyo Benjumea Mcnulty.
(Texto registrado)

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